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dijous, 11 de març del 2010

Píram i Tisbe


Els seus pares sempre ela repetien el mateix, que no juguessin amb el veí, a ells no els agradava la idea, perquè tenien la mateixa edat i si els seus pares no estiguessin renyits serien molt amics. Un dia van començar a cantar, a contar, i sols tenien 8 anys. Va anar passant el temps, però ells no elshi feien cas als seus pares, sense veure's ni un sol segon, s'havien fet molt amics. Un matí Píram va trobar un forat per on espiar als vein, en aquell instant, a l'altre banda hi havia Tisbe, de seguida la va cridar.

Els dos nens van començar a agafar l'hàbit de parlar-se a través del forat, però sense que els seus pares ho sabessin, és clar. Quan ja tenien onze anys, encara continuaven parlant-se, canviaven el brenar, els dibuixos,...

Van continuar passant els anys i ja eren dos adolescents, i es van enamorar l'un de l'altre. Per desgràcia, les seves famílies es continuaven odiant y ells s'estimaven bojament.

Una tarda Píram li va demanar a Tisbe si es podien trobar aquell vespre, ella ho va acceptar.

Tisbe va sortir de casa seva, i es va dirigir a la morera, on havien quedat, quen va arribar-hi, però no hi havia ningú, ella era la primera. De cop va sentir un soroll darrere seu, es va girar contenta perquè es pensava que era Píram, però quan es va haver girat, va veure que qui tenia al davant no era el seu enamorat, sinó que era una lleona. Va anar caminant enrere poc a poc, li va caure el mocador, però va decidir no agafar-lo. La lleona es va dirigir cap al mocador i el va trencar, després va marxar.

Píram va arribar i es va trobar amb el mocador trencat, el va olorar i de seguida va saber que aquella olor era la de la seva enamorada, l'animal l'havia matat, sense pensar-s'ho més va agafar l'espasa i se la va clavar. Més tard va arrivar Tisbe i es va trobar a Píram al terra, ell li va dir que la seguiria fins la mort, aquesta van ser les seves últimes paraules, després de dir això Tisbe va agafar l'espasa i se la va clavar al pit.

I Júpiter en record a aquestes morts va odenar als pares que els enterressin junts, i va fer que les mores blanques es tenyissin del color de la sang de Píram i Tisbe.

dimarts, 19 de gener del 2010

Píramo y Tisbe


Píramo era el joven más apuesto y Tisbe la más bella de las chicas de Oriente. Vivían en la antigua Babilonia, en casas vecinas. Su proximidad les hizo conocerse y empezar a quererse. Con el tiempo creció el amor.
Hubieran acabado casándose, pero se opusieron los padres. Aunque no les dejaban verse, lograban comunicarse de alguna forma; los padres no pudieron impedir que cada vez estuvieran más enamorados.
La pared medianera de las dos casas tenía una pequeña grieta casi imperceptible, pero ellos la descubrieron y la hicieron conducto de su voz. A través de ella pasaban sus palabras de ternura, a veces también su desesperación: no podían verse ni tocarse. A la noche se despedían besando cada uno su lado de la pared.
Pero un día toman una decisión. Acuerdan escaparse por la noche, burlando la vigilancia, y reunirse fuera de la ciudad. Se encontrarían junto al monumento de Nino, al amparo de un moral que allí había, al lado de una fuente.
Ese día se les hizo eterno. Al fin llega la noche. Tisbe, embozada, logra salir de casa sin que se den cuenta y llega la primera al lugar de la cita: el amor la hacía audaz.
En esto se acerca a beber a la fuente una leona, con sus fauces aún ensangrentadas de una presa reciente. Al percibirla de lejos a la luz de la luna, Tisbe escapa asustada y se refugia en el fondo de una cueva. En su huida se le cayó el velo con que cubría su cabeza. Cuando la leona hubo aplacado su sed en la fuente, encontró el velo y lo destrozó con sus garras y sus dientes.
Algo más tarde llegó por fin Píramo. Distinguió en el suelo las huellas de la leona y su corazón se encogió; pero cuando vio el velo de Tisbe ensangrentado y destrozado, ya no pudo reprimirse: "Una misma noche - dijo - acabará con los dos enamorados. Ella era, con mucho, más digna de vivir; yo he sido el culpable. Yo te he matado, infeliz; yo, que te hice venir a un lugar peligroso y no llegué el primero. ¡Destrozadme a mí, leones, que habitáis estos parajes! Pero es de cobardes limitarse a decir que se desea la muerte".
Levanta del suelo los restos del velo de Tisbe y acude con él a la sombra del árbol de la cita. Riega el velo con sus lágrimas, lo cubre de besos y dice: "Recibe también la bebida de mi sangre". El puñal que llevaba al cinto se lo hundió en las entrañas y se lo arrancó de la herida mientras caía tendido boca arriba. Su sangre salpicó hacia lo alto y manchó de oscuro la blancura de las moras. Las raíces de la morera, absorbiendo la sangre derramada por Píramo, acabaron de teñir el color de sus frutos.
Aún no repuesta del susto, vuelve la joven al lugar de la cita, deseando encontrarse con su amado y contarle los detalles de su aventura. Reconoce el lugar, pero la hace dudar el color de los frutos del árbol. Al distinguir un cuerpo palpitante en el suelo ensangrentado, un estremecimiento de horror recorrió todo su cuerpo. Cuando reconoció que era Píramo, se da golpes, se tira de los pelos y se abraza al cuerpo de su amado, mezclando sus lágrimas con la sangre. Al besar su rostro, ya frío, gritaba: "Píramo, ¿qué desgracia te aparta de mí? Responde, Píramo, escúchame y reacciona, te llama tu querida Tisbe". Al nombre de Tisbe, entreabrió Píramo sus ojos moribundos, que se volvieron a cerrar.
Cuando ella reconoció su velo destrozado y vio vacía la vaina del puñal, exclamó: "Infeliz, te han matado tu propia mano y tu amor. Al menos para esto tengo yo también manos y amor suficientes: te seguiré en tu final. Cuando se hable de nosotros, se dirá que de tu muerte he sido yo la causa y la compañera. De ti sólo la muerte podía separarme, pero ni la muerte podrá separarme de ti. En nombre de los dos una sola cosa os pido , padre mío y padre de este infortunado, que a los que compartieron su amor y su última hora no les pongáis reparos a que descansen en una misma tumba. Y tú, árbol que acoges el cadáver de uno y pronto el de los dos, conserva para siempre el color oscuro de tus frutos en recuerdo y luto de la sangre de ambos". Dijo y, colocando bajo su pecho la punta del arma, que aún estaba templada por la sangre de su amado, se arrojó sobre ella.
Sus plegarias conmovieron a los
dioses y conmovieron a sus padres, pues las moras desde entonces son de color oscuro cuando maduran y los restos de ambos descansan en una misma urna.